UNA WEB DE FRANCISCO MIRANDA AZURMENDI

EN CARRETERA

A principios de los setenta hice mi primer viaje interprovincial. Tenía siete años y mi padre decidió coger su seiscientos para llevarnos a la provincia de León. Eran tiempos de carreteras solitarias y el desfiladero de los Beyos me dejó impresionado para siempre. Entonces me dí cuenta de lo importantes que eran los negocios hostelerios de carretera para el viajero. Había puntos clave en todo viaje. Se compraba pan en Vegacerneja y queso en Covarcil o se hacía parada para comer en Oseja de Sajambre, Riaño o Cistierna. Los restaurantes de ruta eran conocidos por todo el mundo. Luego sabría que para otros también había lugares míticos como Villamanín, Unquera, Hoznayo, Alceda, Medina de Rioseco, Quintanar de la Orden, Daroca, etc.

No había casi autopistas y las carreteras nacionales eran la tónica. Los viajes duraban una enormidad y había que amenizarlos con paradas rituales para desayuno, comida o cena, cuando no se trataba de parada y fonda. No es que se viajara sin prisa, es que ni siquera era posible tener prisa. Por aquel entonces los coches se calentaban pronto y requerían agua con cierta frecuencia.

 

Todo aquello pasó. Hoy disponemos de una red de autovías y autopistas adecuada al territorio nacional. Allí donde se ha abierto una vía rápida gratuita, el tráfico se ha mudado desde la nacional y los negocios de hostelería, salvo excepcionales casos, han cerrado. El panorama es desolador en muchas rutas que antaño eran frecuentadísimas.

Como las velocidades medias son óptimas, el viajero puede desplazarse de mañana entre Valencia y Madrid para regresar a cenar a casa sin mayores complicaciones. Como el tiempo de recorrido es corto, le bastará una única parada en un punto intermedio para ir al servicio, repostar gasolina o reponer fuerzas. Aún así, los viajes de norte a sur o de este a oeste pueden ser todavía bastante largos, tales como Vigo-Zaragoza o Bilbao-Málaga. En esos trayectos se para algo más, pero no mucho.

En las rutas principales con autovías gratuitas o autopistas de peaje hay una llamativa escasez de áreas de servicio, dados los complicados requisitos para instalarlas. De vez en cuando nos topamos con los carteles de "zona de servicios", que nos meten en alguna población de la que no sabemos muy bien cómo se puede salir.

Curiosamente, donde los peajes abrasan, la nacional aún conserva una envidiable salud hostelera, como es el caso del tramo Vitoria-Logroño-Zaragoza o bien el Cervera-Igualada. El archiconocido Rausán de Alfajarín es toda una institución y casi visita obligada, con apertura de 24 horas y temática como para rodar una película sobre el mundo de la carretera. En Cantabria, las corbatas de Unquera siguen dando mucha guerra gracias a la salida directa de la autovía hacia Los Tanagos. Quien quiera observar el panorama contrario, no tiene más que encaminarse desde Benavente a Verín por la antigua nacional. Por cierto que el elevado peaje de la autopista León-Astorga permite a los establecimientos de la nacional una holgada supervivencia.

 

Son tiempos difíciles para los negocios de carretera, pero aún es posible recuperar clientes y conservarlos. Lo que hace falta es replantearse por completo el modelo de negocio. Son bastantes los lectores que tienen su modo de vida cerca de una ruta transitada y han visto su afluencia menguar durante estos últimos años. Ahora toca reconvertirse y adaptarse a las expectativas del cliente.

Inicialmente recurriremos al tradicional refrán de "viendo la caseta, ya se ve el perro" para insistir fuertemente sobre la importancia de la primera impresión. El bar o restaurante de carretera tienen que animar a entrar, o por lo menos a parar. Los aparcamientos de tierra no atraen a nadie, pues valen para camiones pero los autobuses los evitan y los coches se ensucian muchísimo. Los toldos o cubiertas para evitar la insolación del vehículo se hacen imprescindibles en muchos lugares, por no hablar del arbolado decorativo y productor de sombra. Si se puede acceder al local sin mojarse cuando llueve o sin achicharrarse en pleno verano, mucho mejor, con acera y todo. La decoración a base de plantas o arbustos florales por doquier es un arma de atracción fundamental. La adecuada señalización y la accesibilidad son imprescindibles. Sin ellas no hay nada que hacer.

Las comidas de dos platos y postre están muy bien, pero el viajero tiene una necesidad irrefrenable de parar lo menos posible y comer ligero. Hoy en día los niños quieren hamburguesas y pizzas, tal es así que empiezan a abundar los Mc Donalds de carretera y los establecimientos franquiciados clónicos al estilo francés, donde el cliente sabe lo que se va a encontrar. No se trata de renunciar al asador tradicional sino de incorporar una oferta de comida rápida.

Los autoservicios sin barra no ofrecen una buena imagen para el viajero y los tiempos de espera llegan a ser disuasorios. Se pierde la oportunidad de fidelizar al cliente. En cuanto a los servicios higiénicos, mejor que sean enormes, siempre mayor el de señoras que el de caballeros, pues su estancia es superior dentro de ellos. No hay que olvidar que el aseo femenino tiene que estar impecable, con espejos, dosificadores de jabón y buena iluminación para maquillajes. Lo que se está imponiendo en Europa es la zona de cambio de pañales para bebés, de modo que se garantiza la presencia de las familias.

Subir escaleras no es un buen comienzo. El viajero llega cansado y no le apetece subir una cuesta, aparte de que la accesibilidad para los minusválidos y mayores tiene que ser tenida en cuenta. La mejor puerta es la que no existe. Hay que dar agilidad a las entradas y salidas. La rampa es buena alternativa

La proximidad a una estación de servicio es muy agradecida. Si el aparcamiento del negocio ofrece lavado de coches, será muy demandado. El vending ayuda a mejorar márgenes si se instalan máquinas automáticas de bebidas o snacks.

Muchos de los que paran en un local de carretera no volverán nunca más, pero otros sí lo harán con cierta frecuencia. Fidelizar es posible si regalamos bonos de descuento para una futura visita que seguramente se producirá ante el reclamo del obsequio o reducción en precios. Los precios tienen que estar muy claramente expuestos para que el cliente se decida pronto y vea de un golpe todo lo que puede consumir.

Si se nos permite, hay que señalizar con paneles enormes visibles desde muy lejos, porque si no hay margen de maniobra para entrar, el cliente se habrá perdido. Es fundamental que se pueda entrar y salir antes y después del edificio. A veces la nacional es tan visible desde la autovía, que sus entradas y salidas están clarísimas, así que el viajero sale de su ruta ante la posibilidad de reincorporación rápida.

 

Nuestros mejores vendedores pueden ser los empleados de las gasolineras más cercanas, repartiendo anuncios con nuestras ofertas.

Desgraciadamente el panorama actual no es muy atractivo. En buen número de rutas, la sucesión de bares y restaurantes con aspecto poco atractivo elimina los deseos de parar, aún con hambre y sed, dejando las necesidades fisiológicas para la gasolinera. Por si fuera poco, en no pocos bares se mira al recién llegado de arriba abajo como si fuera un marciano. A lo mejor no hay teléfono, igual falta papel higiénico, se cierra pronto o se abre tarde, el empleado trabaja en ropa de calle, etc. No hay más que coger el coche y hacer una ruta radial o transversal importante para verificar que las excepciones son contadas. Muy pocos bares y restaurantes de carretera se han adaptado al tercer milenio. Han existido muy buenos negocios y ciertos propietarios han reinvertido beneficios continuamente, de modo que son conocidos de todo rutero que se precie. La transparencia es fundamental. Nada hay menos atractivo que un local tipo bunker donde lo de dentro es una incógnita. Y por dentro, facilidad para circular y moverse como en un aeropuerto.

En pocos años veremos si los establecimientos hosteleros de carretera nacional han sobrevivido o se han amoldado a la coyuntura. El mundo de los negocios es una selva donde funciona la ley de la evolución, así que resisten los que están preparados y se extinguen los dinosaurios

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