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UNA WEB DE FRANCISCO MIRANDA AZURMENDI
TENDENCIAS
El
pasado verano estuve unos días por Inglaterra, más que
nada por eso de ver mundo, ya que
no es un destino precisamente gastronómico. Si
hubiera querido deleitarme con la cocina europea hubiera
ido al Perigord o a la Bretaña. En Inglaterra los hoteles
son bastante caros y nada buenos para lo que estamos acostumbrados
los ibéricos. Lo asequible son los vuelos baratos de Ryanair
(menos de 100 euros el billete de ida y vuelta) y también
el parking del aeropuerto de Santander (gratis total y a
la sombra con un poco de paciencia).Pues el caso es que
mi mente llevaba tiempo dando vueltas a una teoría sobre
servicio en restaurante y mira tú por dónde me la encontré
una mañana soleada en Brighton. Allí estaba la aplicación
práctica de mis ideas; por mucho
que uno se rompa la cabeza, siempre hay alguien que ya lo
ha pensado e incluso puesto en funcionamiento.
Los
autoservicios no son nada nuevo y los buffet libres
menos, con sus típicas colas para entrar, servirse
y pagar. El ahorro en gastos de personal es importante y
sustancial. Los fast-food llevan tiempo funcionando y es
el cliente el que pide en la barra, pero lo curioso es la
aplicación que vi de cómo suprimir los camareros
de comedor. Se trataba de un pub (lo cual no tiene nada
que ver con la idea española de pub) moderno y abierto
a la calle, con una barra mediana y una gran zona de consumiciones
mixtas, es decir, comedor, cervecería y cafetería
a la vez. Hay que aclarar que en
Inglaterra se puede comer en los pubs y que normalmente
no hay servicio en mesa, sino que el cliente es el que pide
(y generalmente paga por adelantado).
Concretando.
La carta estaba expuesta muy claramente en la calle, con
tipos de letra grandes y con todos los precios de las bebidas
bien indicados, desde cervezas hasta cafés pasando
por refrescos, lo cual es toda una garantía para
evitar sorpresas. El local estaba muy frecuentado. En cada
mesa (todas numeradas) también había una carta
de platos con la siguiente indicación: "Esto
funciona así: elija sin prisa lo que desea tomar,
diríjase a la barra y encargue el pedido indicando
su número de mesa. Las bebidas se las entregarán
en la barra". Pues sí, efectivamente, primero
se paga y luego se consume, como en un Mc Donalds, de modo
que los impagados ascienden a cero.
En cuestión de minutos salió una ayudante
de cocina a entregarnos los platos en la mesa, se trataba
de un pudding de carne y un "fish and chips".
Naturalmente, no nos hallábamos en un restaurante
de alta cocina sino en un sitio especializado en platos
rápidos de preparar, principalmente friendo o calentando
lo ya elaborado, pero el resultado fue bastante satisfactorio.
En menos de cuarenta minutos habíamos tomado plato
principal y postre (delicioso, por cierto, que para eso
los británicos son unos artistas). Al finalizar el
servicio era la misma ayudante la que dejaba lista la mesa
para el siguiente cliente. Aquello funcionaba muy bien y
con dos únicas personas en la barra. Me gustó
el sistema y creo que por ahí van a ir los tiros
próximamente.
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El
personal sale muy caro y lo complica todo. En paises
donde los costes laborales son bajos, como Portugal,
es habitual ver cómo los restaurantes no regatean
en camareros y el servicio es de muy buena calidad.
En España las cosas se están complicando
y en las reuniones de hosteleros siempre sale a relucir
el tema de la falta de personal especializado. Me temo
que ya no hay casi nada que hacer.
Los horarios de la hostelería no seducen a nadie,
a no ser que contratemos a medias jornadas y cumpliendo
escrupulosamente lo pactado, porque de lo contrario
la gente se va otros sitios donde se sabe a qué
hora se comienza y a qué hora se termina.
En Francia he visto cómo a las tres de la tarde
los camareros se iban a su casa tranquilamente dejando
un buen pastel a los propietarios del restaurante, que
no daban abasto; a esos camareros sencillamente no los
echan porque es muy difícil encontrar otros que
los sustituyan. |
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"los modelos extranjeros no son necesariamente
aplicables a todos los países sin antes hacer
una adaptación a los gustos locales"
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Así
que las tendencias que vienen consisten en suprimir personal
y trasladar al cliente la reducción de costes en forma de
precios más atractivos. Para ilustrar el ejemplo
puedo sacar a relucir la colección de cadenas hosteleras
que vi implantadas en Londres. Aparte de los tradicionales
pubs independientes, proliferan franquicias especializadas
en servir comidas y bebidas sencillas para el urbanita.
Toda vez que en Inglaterra no existe una comida de mediodía
al estilo que conocemos, la gente se apaña con cualquier
cosa para ir tirando, puesto que el desayuno suele ser muy
fuerte y también la tempranera cena. Aclaro ese punto para
que el lector comprenda cómo modelos
extranjeros no son necesariamente aplicables a todos los
países sin antes hacer una adaptación a los gustos locales.
Otra modalidad que triunfa en Inglaterra es el microsupermercado
de gran cadena con estanterías llenas de alimentos listos
para consumir (ensaladas, sandwiches) o para hacer la compra
antes de irse a casa, toda una competencia para la hostelería
convencional porque en caso de buen tiempo el turista se
apaña con un picnic improvisado en el primer parque o banco
que encuentra ( yo lo hice repetidamente ante el desproporcionado
coste de la vida para un bolsillo español). La repetición,
calle tras calle de los mismos locales llega a impresionar
y parece obsesiva. Cualquier viajero
podrá observar que Londres parece una ininterrumpida sucesión
de Starbucks, Coffee Republic, Eat, Café Nero y Pret-à-manger,
más o menos lo que ocurre en nuestros megacentros comerciales
pero a nivel de calle real. Cuesta trabajo encontrar
sitios diferentes y además esos locales fidelizan bastante
a la clientela porque ofrecen productos estandarizados.
Por cierto que los bajos cotizan a precios astronómicos
y para explotar un negocio de hostelería hay que planificar
muy bien. Que gran parte de las franquicias estén orientadas
al café tiene fácil explicación, ya que es un producto que
deja mucho beneficio, en tanto que cocinar comida da más
complicaciones.
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"El prepago no es imprescindible pero curiosamente
provoca que los consumidores se levanten antes de
la mesa"
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Suprimir
el personal de servicio en mesa no es fácil pero
se puede intentar. Se evita cualquier parecido con un autoservicio
ya que los platos salen calentitos de la cocina y el cliente
solo tiene que esperarlos; además aprovechamos al
máximo a los ayudantes de cocina. Eso no es nuevo
porque ya conozco unos cuantos sitios donde el propio chef
se encarga de servir a los clientes. El prepago no es imprescindible
pero curiosamente provoca que los consumidores se levanten
antes de la mesa. El modelo es aplicable a zonas de mucho
paso de clientes y evidentemente no encaja para los restaurantes
con aspiraciones de salir en guías. De todos modos,
veo un futuro en el que se va a cocinar cada vez menos en
las cocinas y más en las fábricas, con restaurantes
que se limitan cada vez más a calentar ( y sin necesidad
de salida de humos). Habrá
que ver si la idiosincrasia ibérica resiste a los
avances del mundo global, los reconvierte o los asume, o
incluso los devuelve mejorados...

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